El planteamiento del proyecto pretende establecer una relación inédita entre lo Urbano y lo Natural proponiendo nuevas correspondencias desde la unicidad de los Patios de Córdoba.

De alguna manera quiere situarnos en una reflexión fijando la atención sobre el papel que juega la manera en la que construimos las ciudades de hoy y de mañana y si se dirige a favor o en contra del bienestar común.

La intención es crear un diálogo entre Ciudad Mineral y Cuerpo Vegetal donde cobre protagonismo el propósito expansivo de la Materia Orgánica cuya innata propensión es la incesante acción colonizadora de nuevas superficies y cuyo desarrollo está supeditado a las ordenanzas que limitan forzosamente su crecimiento.

Nadie duda de la magnífica función de confort bioclimático que genera un Patio cordobés. Por la misma razón es aceptable probar a volcar ese mismo dosel verde desde el interior hacia el exterior de las paredes. Voltear esa fresca Piel Viva, que respira vapor, mitiga, humedece, descontamina y lo adecenta todo a cambio de luz y agua.

En consecuencia se conforma un nuevo relato donde la parte natural que, a menudo, ha estado enclaustrada, ahora quiere reivindicar su derecho a andar, su derecho a explorar, su derecho a ejercer su propia “naturaleza de Naturaleza” que no es más que ampliarse y profundizar raíces.

No es más que demostrarnos de que manera Ella domina la Sostenibilidad cooperando en la mejora de las extremas temperaturas urbanas alcanzadas en las ciudades golpeadas por el efecto del cambio climático.

 

Todos los habitantes de Córdoba se sienten bienvenidos y dichosos en los Patios gracias a la excelente capacidad de regulación termo climática de las plantas, de normalización del confort entre temperatura y humedad sin descartar el bienestar visual y emocional de las personas que cohabitan sus frondosidades.

El Cuerpo Vegetal  intenta defender su Memoria, de que no siempre fue sólo y exclusivamente una pequeña y maravillosa incrustación esmeralda entre paredes de patios sino recordarnos de que su legado procede del Edén.

En este sentido el proyecto es el resultado de un despliegue de propagaciones vegetales hacia afuera como si la misma casa quisiese germinar.

 

Un acto de reivindicación de la Naturaleza que no puede y no debe estar relegada entre paredes. Anunciar que es hora de echar a andar, de narrar, de hacerse patente a los ojos maravillados de los transeúntes, de exigir reconquistar su espacio entre tanta mineralización urbana.

La reflexión que nos despierta el Cuerpo Vegetal hace posible el nacimiento de un Cuerpo Cultural que admite haberse equivocado andando por un camino que parecía lo correcto pero que ya no es sostenible a largo plazo. Nos sugiere equilibrar un pacto de mutua colaboración entre humanos y plantas para ampararnos a todos por igual.

Retoñar las paredes es toda una declaración de intenciones sobre cómo estos silenciosos acompañantes vegetales reafirman  la profunda diferencia entre un espacio mineral y un espacio reverdecido.

La ciudad es un conjunto de construcciones. Las plantas reavivan, dignifican y transforman un simple inmueble, aquello que pasa de ser un mero edificio a declararse por fin como un Hogar.

Cuidar plantas es algo adictivo. También es terapéutico. Nos conectan a nosotros mismos y nos enlazan con y como seres humanos. El Verde Verdor nos conecta a todos. Es Unificador. Así que cualquier espacio es bueno para empezar a reconectar con la “única Red de las Redes posibles” (Joaquín Araújo), la red de las raíces.